Dinámica de la Relación de Ayuda en el Cuidado de los Padres

Cuidar de otro, conlleva necesariamente cercanía emocional y física, pero la relación de ayuda va mucho más allá de lo meramente técnico o laboral, se fundamenta en el vínculo que se forma entre las dos personas involucradas.




Cuando lo que nos mueve a cuidar de otra persona, ya sea un hijo, una madre, un cónyuge o un amigo, es el amor, sabemos que la relación que establecemos es mucho más profunda que cualquier otra.

Se involucran una serie de sentimientos y emociones que únicamente quienes lo han vivido pueden saber de qué se está hablando.

Cada relación de ayuda es diferente y depende del tipo de relación que haya y eso determinará la evolución de la misma.

Pensar en cuidar de los padres, que es la parte más natural del cuidado, es un magnífico ejemplo para poder comprender cómo se comporta cada uno de los involucrados.


Si la persona que cuida es el cónyuge, pues él o ella es el cuidador primario y todo su entorno se convierte en sostén de ayuda y cooperación; pero la responsabilidad mayor está situada en esa única persona cuidadora.

La cosa cambia cuando el progenitor ya está solo, entonces el cuidado debería dividirse entre todos los hijos, cosa que generalmente no sucede.


Lo más común es que quien se quede, sin darse cuenta en ocasiones, como cuidadora primaria es la hija menor, o la hija soltera, divorciada o separada, la que tiene mayor necesidad económica de los padres. Los demás hermanos y hermanas tienen un papel secundario en el cuidado. Algunos dan dinero, otros dan algo de su tiempo, pero al final solamente una persona se queda al frente.

La gran injusticia es que aunque sea la cuidadora primaria, por asignación, por necesidad o por decisión, llega un momento en el que se queda sola o solo, si es un hombre.


El entorno comienza, de forma inconsciente a exigirle cada vez más; comentarios como “hay que llevar a mi mamá o papá a tal o cual lugar”, “hay que comprarle…”, “deberías de…” y una cantidad infinita de estas frases que no resuelven nada, en las que nadie se responsabiliza directamente, pero al final son requerimientos que caen sobre los hombros de la persona cuidadora.

Cuando una persona dice “hay que…”, primero, no quiere tomar la responsabilidad, segundo, la responsabilidad la “deja sobre la mesa” a ver quién es el primero que la toma para hacerla (generalmente es la persona cuidadora primaria), tercero siente que con dejar la idea, ya está cooperando en el cuidado.

Otro fenómeno curioso que se da en la dinámica familiar del cuidado de los padres es cuando entre hermanos comienzan a decir “si quieres yo te ayudo…”

En el “organigrama familiar”, los padres se encuentran en la parte más alta y los hijos se encuentran en un segundo nivel, todos de forma horizontal, todos tienen las mismas responsabilidades con esos padres.

La palabra ayudar significa: Prestar cooperación.

¿A quién se ayuda? ¿Al padre o madre que lo necesita o al hermano o hermana que los cuida?

La realidad es que la ayuda es para ese padre o madre y en ese contexto, todos los hermanos tienen la misma responsabilidad para llevar a cabo la ayuda.

Pero, tristemente, los hermanos le dicen a la persona cuidadora, que la ayudan, delegando toda la responsabilidad del bienestar de los padres en él o ella. Aquí radica la injusticia.

Imagina por un momento la siguiente situación:

"El padre o la madre tiene que hospitalizarse por primera vez, generalmente el hijo o hija que vive más cerca es quien lo lleva y avisa a los demás hermanos.

A las pocas horas, los hijos que hayan podido llegar se encuentran en la sala de espera del hospital. Independientemente del diagnóstico, la persona necesitará cuidados por un par de días, dentro o fuera del hospital.

Ahí se comienza el establecimiento de los roles en el cuidado. Siempre hay una persona que dice “no se preocupen, yo me quedo hoy por la noche, porque tú tienes niños pequeños y tú tienes que trabajar (o cualquier otra situación similar)"

Al día siguiente, la preocupación todavía sigue y generalmente esa misma persona se vuelve a ofrecer a quedarse por las mismas razones. Sin darse cuenta, está asumiendo la responsabilidad del cuidado primario y los otros hermanos adquieren otros roles"


Si esto se prolonga en el tiempo, ya será muy difícil mover esos roles; aunque no es imposible. Se hacen el reacomodo en base a cercanía con la persona dependiente, al grado de responsabilidad de las actividades de cada uno de los hijos, al lugar de residencia y a otros elementos particulares en cada familia.

Bueno, pues con esto ha quedado asignada la dinámica familiar desde ese momento hacia delante.

Lo normal es que todo se quede sostenido en una sola persona, pero esta persona es quien va a sufrir el mayor desgaste.

Lo ideal es que antes de que se queden asignados los nuevos roles, la familia se pueda reunir y fijar posturas, negociar y acordar la forma en la que cada uno de los miembros podrá ayudar a ese padre o madre que los necesita, buscar estrategias que sean buenas para todos e incluir al padre o madre en esta toma de decisiones.

Una vez logrado esto, es muy importante que ese padre o madre sepan que ellos son los primero responsables de su salud y que los hijos están ahí para ayudarlos, no para hacerse cargo de su vida.

Parecería cruel a los ojos del entorno, pero la vida es de uno hasta 10 min después de la muerte. No podemos darle nuestra vida a nuestros hijos para que ellos decidan, es una gran injusticia para ellos y para nosotros.

En nombre del amor los hijos realizan acciones que lastiman a los padres, sobre todo en la toma de decisiones.

Es verdad que la enfermedad o la sensación de dependencia genera una sensación de indefensión, y es esto lo que precisamente se le quiere evitar a los padres.

Pero existe una indefensión aprendida, que nos dice Bermejo (1999), “aquella condición psicológica en la que una persona aprende a creer que está indefensa, que no tiene ningún control sobre la situación en la que se encuentra y que cualquier cosa que haga para salir de ella será inútil. El resultado de la indefensión es una conducta pasiva frente a cualquier situación displacentera o perjudicial, incluso cuando es posible realmente cambiar esas circunstancias”

Esto ocurre cuando en la labor del cuidado sobre protegemos a nuestro ser querido y le hacemos sentir constantemente que nosotros hacemos mejor las cosas que él o ella misma, le quitamos la responsabilidad de su propia salud… le quitamos su autonomía e independencia, en nombre del amor.

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Espera nuestros próximos artículos sobre la Dinámica Familiar en el Cuidado, de padres y madres, de hijos y de seres queridos que iremos publicando en próximas fechas.

Autora: Lucía Yolanda Burgos Uriarte

(Prohibida su reproducción parcial o total sin la autorización de la autora)

Soy Voluntaria CEFODEH




Referencias Bibliográficas

Bermejo J. 1999. Salir de Noche. Ed. Sal Terrae

Pangrazzi A. 1999. Girasoles junto a Sauces. Ed. Sal Terrae

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Coordinadora de Proyectos Gerontológicos Patronato Cuajimalpa I.A.P.

Colaboradora en 

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Asesora en Gerontología en OKEIRO

Colaboradora

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