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Hablemos de sexualidad en la tercera edad

El deseo de compartir intimidad entre personas no es exclusivo de la juventud, el deseo sexual se transforma con la edad, pero de ninguna manera desaparece. Entendamos qué es la sexualidad en esta etapa de la vida.



Comenzaremos por definir qué es sexualidad, ya que el término es usado indiscriminadamente sin detenernos a pensar todo lo que conlleva hablar de sexo, de sexualidad y afectividad en las personas.


La definición de sexualidad es: “Forma de EXPRESION INTEGRAL de los seres humanos en sus procesos biológicos, psicológicos, sociales y culturales”


Es común que cuando hablamos de sexualidad dirijamos el pensamiento hacia la genitalidad.


Es verdad que los genitales indican el sexo al que pertenecemos: femenino o masculino. Pero la sexualidad abarca, como la definición indica, a toda la persona humana, como seres integrales, individuales e irrepetibles que somos.


En cuanto a la biología los genitales femeninos y masculinos son complementarios y compartimos con los mamíferos el instinto y el afán de la perpetuación de la especie, pero la persona humana abarca muchos más ámbitos y es por ello que no es correcto tratar la sexualidad como un tema separado de la integridad del ser.


La sexualidad termina cuando termina la vida, no antes.


¿Es normal que una persona en la tercera edad pueda enamorarse?


Enamorarse en la tercera edad va más allá de la concepción que tienen lo jóvenes del amor, sobre todo de lo que los medios de comunicación han querido definir como amor, en dónde el deseo sexual y lo instintual nublan cualquier razonamiento. La experiencia que nos han dado los años hace mucho más rico el concepto de amor así como la manifestación de los afectos.


El deseo de compañía, descubrirnos de nuevo en los ojos de otro, sabernos atractivos o interesantes todavía, útiles e importantes. Esto es inyectarnos ilusión y por lo tanto vida.


También hay parejas que re-descubren su amor en esta etapa de la vida, porque antes habían estado tan ocupados en las labores de crianza y proveeduría para que los hijos salieran adelante, que no tuvieron tiempo para ellos. Es en esta etapa en donde se puede volver a retomar lo que se dejó pendiente años atrás.

Enamorarse a cualquier edad es bueno, manifestar el afecto es normal pero sobre todo benéfico para quien lo da y lo recibe. Tener ilusión, deseo de compartir con otra persona el tiempo, los intereses, el amor… y por qué no, nuestro cuerpo como expresión máxima de una entrega total al otro.


Cuando un adulto mayor logra salir de si mismo para entregarse, preocuparse y ocuparse de otro siempre es bueno.


En consulta, en una ocasión, llegó una familia en dónde los padres eran muy mayores y se habían ido a vivir a casa de una hija. Esta última decidió que era mas sano que sus padres durmieran en recámaras separadas, ya que él tenía inicios de demencia y además no le parecía buen ejemplo para sus hijos que personas mayores compartieran la misma habitación. Nada más lejano de lo normal y saludable para una pareja que ha compartido una vida. Las manifestaciones de amor, de afecto, de compañía en una pareja son necesarias para mantener la salud, tanto física como emocional. Privar a los mayores de este derecho es cometer una injusticia.


Conclusión

La sexualidad como parte fundamental e integral del ser humano es normal y necesaria en el desarrollo de una vida sana, no importa la cantidad de años, la afectividad debe seguir manifestándose a lo largo de la vida. Esto nos proporcionará un envejecimiento sano.


Autora: Lucía Yolanda Burgos Uriarte

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